Hechos de la Banda

Blowing the trumpet call

La noche era perfecta, nada podía fallar. Era la hora correcta, la luna estaba llena, y  llevaba tres escorpiones en la mochila para tener el mejor mojo. Y ahí estaba Mr. Howl'n Blow, en el cruce de caminos, aullando y soplando su vieja harmónica a la espera de que el Diablo tomase forma de bluesman, y le concediera su don a cambio de su alma inmortal. “Total -pensaba él- tampoco es que le dé mucho uso”.

Pero el Diablo no apareció. No, amigos, no apareció.

¿Qué podía haber fallado? Habían dos opciones: o el Diablo no existía, o el Diablo no tenía el menor interés en el alma de nuestro buen Mr. Howl'n Blow.

Y así lo encontré. Tocando y tocando en vano. Sin cruzar una palabra, cogí mi vieja guitarra, aquella que cierta prostituta me regaló en pago a conciertos prestados, me senté a su lado, y tocamos.

Tocamos mucho blues. Tocamos durante mucho tiempo.

Pero nada.

El diablo no apareció.

 

Reverendo forjando acero
Mr Nitikin contra el tractor

Quien sí que llegó fue Mr. Nitkin. Dijo que venía caminando desde las orillas del Volga con el contrabajo bajo el brazo. Y claro, le creímos. Debía de ser verdad.

Y tocamos, y tocamos. Fuimos buscando al Diablo en algunos otros cruces de caminos, en Juke-joints, y otros sitios de mala muerte, y también lo buscamos en el fondo de las botellas.

Pero el Diablo no apareció.

Al rato vino un hombre grande y blanco con una caja de manzanas. Pensamos, en un primer momento “mira, el Diablo es blanco”. Pero no.

Sólo se trataba del viejo Honeyboy II.

Nada dijo. Se sentó sobre su caja, y comenzó a golpearla a ritmo.

Nuestro buen David Honeyboy II. Es un tipo dulce, su alma debía ser más interesante a ojos del Diablo.

Pero nos equivocamos.

El Diablo tampoco vino.

 

Honeyboy Feeling Blue

En esas andábamos, cuando apareció Gringo White, y con su acento de Los Angeles nos dijo haber visto al Diablo un par de días antes. De forma que seguimos el son de su banjo hasta el lugar en que nos dijo que el Diablo había hecho su aparición. Pero allí sólo quedaba una sucursal bancaria.

Y en ello estamos, seguimos tocando y buscando al Diablo allí donde vamos. Puede tomar cualquier forma, y estamos atentos. Entre el público, entre los arbustos del camino, entre las copas de bourbon...

That's Blues.